La Desesperación de los simios… Y Otras bagatelas por Alfonso Vila.

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Alfonso Vila.

Las estrellas musicales del continente, aquel pelotón de cantantes algunos sofisticados, algunos remilgados y otros bufos que influyeron antes que nadie en las formas de la música moderna en España en los años 60, han tenido en mala suerte. Al contrario que a sus congéneres británicos y americanos, la mayoría del público de nuestro país los recuerda como una anécdota sonora, agradable pero irrelevante, cuyo interés se ciñe solo al contexto de la nostalgia. Viejos conocidos cuya aparición sorpresa en algún vídeo de archivo o en un recopilatorio hace esbozar una sonrisa para depositarlos de nuevo en el cajón. Con este panorama, no hay ni que decir que la presencia en librerías de referencias que permitan profundizar en su historia y reconocer la importancia de su obra es casi nula.

La casa donostiarra Expediciones Polares  empezó a poner remedio a esta situación el año pasado con la publicación del fundamental Elefantes Rosas, la primera biografía de Serge Gainsbourg editada en España y escrita por Felipe Cabrerizo, incansable difusor de la herencia musical no anglosajona desde los programas radiofónicos Psycho Beat y Música para Autos de Choque. Ahora, la editorial lanza La Desesperación de los Simios… y Otras Bagatelas, autobiografía de Françoise Hardy que ha traducido el propio Cabrerizo.

Al abrir el cuidado volumen en tapa dura, podríamos pensar que vamos a participar en un recorrido nostálgico por sus años de popularidad acompañado de pinceladas más ligeras sobre su carrera después de la etapa dorada. Pero estas no son unas memorias al uso: en lo musical, la cantante defiende una trayectoria casi ininterrumpida durante cincuenta años, de los cuales, por cierto, esos 60 y principios de los 70 que fijaron su imagen de icono pop y sus temas más populares no son precisamente sus favoritos. El espacio del libro está pues repartido con equilibrio entre los diferentes momentos profesionales de la artista, algunos confieso que desconocidos para mí, reflejando un afán por llevar siempre un paso más allá una discografía basada en la emoción y en la honestidad. Aconsejamos aprovechar la oportunidad para dejarse asesorar por la autora sobre sus mejores logros y descubrir cosas tan bonitas y tan poco evidentes como Mazurka.

Cuando el foco apunta hacia los asuntos de su vida privada, el texto se convierte en un diario íntimo en el que Françoise Hardy vuelca sus ansias de llevar una existencia sin altibajos emocionales, superando los episodios de tristeza que han ido enmarañando su vida desde la infancia. Aquí están las alegrías y todas las miserias (y alguna más) de una chica de París en los 50, de una mujer enamorada, de una profesional a ratos desorientada, de una persona perdida muchas veces, de una madre y de una experta en astrología (una de sus grandes pasiones). Contado con toda la naturalidad y con toda la dureza de alguien cuyo equilibrio parece siempre a punto de venirse abajo.

Y, de fondo, el zumbido constante de su relación inclasificable con Jacques Dutronc a la que ni los despechos ni las infidelidades han sido capaces de poner fin.

Sorprende, y es uno de los grandes atractivos del libro, la galería de celebridades del siglo XX con las que trató. Brian Jones, Nick Drake, Stockhausen, Ionesco, Dalí: en la mayoría de esos encuentros la autora, más que protagonista, parece una espectadora que analiza la escena a una sana distancia, sin dejarse arrastrar del todo por el tumulto del showbiz. Nadando en un mundo donde es fácil caer en la frivolidad y en los gestos vacíos, ella ha mantenido siempre la cabeza fuera del agua. No falta por supuesto el relato de aquel recital de Dylan en el Olympia de París en el 66, cuando el cantautor se negaba a salir a escena si Hardy no pasaba antes por su camerino, y tampoco su aventura con Blur en los 90 para registrar La Comedie, una versión del tema To The End de los británicos que, como bien apunta ella misma, acabó sin brillo por sobrecarga de producción.

No siempre las apariencias engañan. Françoise Hardy proyecta una imagen de melancolía, sencillez y belleza inalcanzable, y al acabar la lectura nos queda la certeza de que todas esas sensaciones son reales, son la prueba visible de todo lo que nos cuenta en La Desesperación de los Simios… de manera fascinante y sincera. Su sonrisa a medias es de verdad.

 

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