“Mi coleccion” Javier Escorzo.

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Entrevista: Echeverria.                                                                                                                      

Fotografía: Javier Escorzo.

En esta nueva entrega de “Mi Colección” tenemos el placer de adentrarnos en el universo musical de Javier Escorzo, colaborador habitual como cronista y fotógrafo musical en distintos medios: Diario de Noticias de Navarra, Mondo Sonoro, Efe Eme y Rock Estatal. Recientemente ha publicado el libro “Hoy el viento sopla más de lo normal” (Milenio,2017) donde relata de forma exhaustiva, lejos de todo estereotipo y  superficialidad, la historia del grupo donostiarra “Duncan Dhu”.

• La música ha sido siempre una constante para ti, ¿cómo recuerdas tus primeras andaduras musicales? ¿Cómo empezó el idilio con la música?

En mi casa no se escuchaba música. Mi padre cantaba en el Orfeón Pamplonés (lo hizo durante más de cuarenta años) y tenía tocadiscos y una buena colección de vinilos de música clásica, pero no recuerdo oírlos sonar. Sí recuerdo la radio a todas horas, pero programas de información, no musicales (noticias, tertulias…). Cuando yo tenía nueve años escuché por casualidad ‘Cien gaviotas’, de Duncan Dhu, y me impactó muchísimo. Después fueron llegando otros grupos, sin otro criterio que el de si me gustaba o no. El hecho de no tener hermanos mayores hizo que todo el terreno que pisaba me pareciese virgen, no tenía influencias ni prejuicios de ningún tipo.

• ¿Recuerdas cómo iniciaste tu colección de discos?

En aquella época (1986) de exiguas pagas semanales no podía aspirar a comprar muchos más discos, aunque poco a poco fui iniciando mi colección, primero con los primeros discos de Duncan Dhu y posteriormente con los de otros grupos como Héroes del silencio, Christina Rosenvinge (por aquel entonces todavía en Álex y Christina), Barricada, Alaska, Radio Futura, Loquillo, Gabinete, Tequila… Han pasado treinta años y me siguen gustando todos aquellos discos, aunque no los escuche con demasiada frecuencia y por el camino se hayan ido añadiendo muchísimos otros artistas.

• ¿Cuál fué el primero?

El primer disco que me compré fue “Canciones”, de Duncan Dhu. Recuerdo que estaba obsesionado con el grupo, me gustaba todo lo que escuchaba de ellos. Un día, volviendo del pueblo de mi madre en el coche de un tío mío, sonó ‘Jardín de rosas’ en la radio y yo me puse a cantarla, porque la había grabado de la radio en una cinta de casete y me la había aprendido. En el coche todos se sorprendieron de que, siendo yo tan pequeño, me supiese la letra. Entonces mi tío me preguntó si tenía el disco, y yo no sabía qué era un disco, no tenía ni idea de que los grupos grabasen y publicasen discos cada cierto tiempo (insisto en que yo tenía nueve o diez años y ningún hermano mayor que me guiase). Mi tío me lo explicó y no paré de insistir hasta que mis padres me lo compraron. Fue en Radio Frías, una tienda que estaba en el Paseo Sarasate de Pamplona y que cerró hace mil años.

• ¿Cuál ha sido tu última adquisición?

Compro muchos discos, todas las semanas cae alguno. Durante el “curso escolar” compro novedades y en verano, que no se publican cosas nuevas, aprovecho para hacerme con algunos que se me hayan pasado. Los últimos que he comprado han sido “Biólogo”, de Amaro Ferreiro, en CD, y “You want it darker”, de Leonard Cohen, “Popcorner”, de Cooper, y “Debut”, de Amateur, estos últimos en vinilo. Y ayer encargué el nuevo disco de Los Coronas, en vinilo también, aunque no me llegará hasta octubre.

• ¿Qué tiendas de discos frecuentas y suponen un referente para ti?

He pasado muchas horas felices en tiendas de discos, a veces para comprar, pero la mayoría de las veces solo para curiosear. Recuerdo que de pequeño, paseando los domingos con mis padres, me quedaba mirando el escaparate de Radio Frías; me fascinaba la estética del rock’n’roll que veía en las fotos y portadas del escaparate, especialmente las cazadoras de cuero con cremalleras, aunque no me dejaban vestirme así. Estudié en Jesuítas y estuve muchas horas de borota (de pellas, pira, o como quiera que lo llamen los chavales ahora) en las tiendas de la zona: Chaston, Fonos… Era la época en que las tiendas tenían tocadiscos y podías ponerte un vinilo y escucharlo tranquilamente. En lo viejo había una buena ruta también: El supermercado del casete, Liverpool, Frudisk, Kilkir… También metí muchas horas en tiendas de coleccionismo cada vez que iba a Madrid (Metralleta, Citadel Records, Bangladesh…). Ahora, por desgracia, ya casi no quedan tiendas de discos. En Pamplona resisten Discos Barracuda, Dientes largos y poco más. Está también Fnac, pero me parece un error que la hayan abierto en un centro comercial de las afueras en vez de en el casco urbano, y he ido muy pocas veces (en San Sebastián, por ejemplo, está en el centro y es una de mis visitas fijas siempre que voy). Al final, la mayoría de los discos los compro por Internet, en Fnac o Amazon, o directamente en los conciertos.

¿ Qué 8 discos consideras como las joyas de tu colección?

Escucho muchísima música y de muchísimos estilos (pop, rock, indie, punk, clásica, jazz, flamenco, boleros, tangos…). La inmensa mayoría está cantada en español, y no es por chovinismo, sino porque para mí la letra es una parte fundamental para que la canción me llegue. Cuando escucho música en otros idiomas, generalmente son cosas muy clásicas: Beatles, Elvis, The Doors, Johny Cash, The Velvet Underground, David Bowie, Rolling Stones, Leonard Cohen, The Byrds, Bob Dylan… Es imposible quedarse solo con ocho discos, pero si echo la vista atrás, creo que estos son algunos de los que más me han marcado.

“Detalle del miedo”, de Mikel Erentxun, y “Baladas para un autorretrato”, de Diego Vasallo. Ex aequo. Duncan Dhu ha sido, es y será el grupo de mi vida, pero en realidad me gusta más lo que han hecho en solitario. Me parece que están varios escalones por encima del resto. Mikel es un superdotado a la hora de escribir melodías y considero a Diego, de largo, el mejor letrista del rock español. En contra de lo que algunos piensen, siempre han sido extremadamente honestos con su trabajo, han arriesgado mucho y han cambiado innumerables veces de estilo. Su calidad está fuera de toda duda. “Detalle del miedo” es un disco de canciones lentas, elegantes, con mucha orquesta (tipo Belle and Sebastian o, aquí en España, La Buena Vida). Un lujo de disco. “Baladas para un autorretrato”, lo último de Diego, es una obra descomunal. Después de varios años alejado del rock, vuelve con esta maravilla, una oscura mezcla de rock’n’roll, folk, blues… Sensacional.

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“Las consecuencias”, de Bunbury. Yo fui un fan irredento de Héroes del Silencio, y de hecho lo sigo siendo. Me hace mucha gracia esa condescendencia con la que algunos modernos ahora hablan del grupo, en plan “Héroes era una basura, pero lo que hace Bunbury en solitario no está mal”. El otro día escuché un disco antiguo de Héroes, cosa que casi nunca hago, y llegué a la conclusión de que eran incluso mejores que como los recordaba. Qué imagen, qué canciones, qué voz, qué grandilocuencia, qué puesta en escena. El rock tiene que impactar, y ellos impactaban. No ha vuelto a haber nada remotamente parecido en España. Tenían tanta fe en sí mismos, se lo creían tanto, que era imposible que no triunfasen. Pero admito que Enrique en solitario ha superado lo que hizo con el grupo. Adoro su primera época con El Huracán Ambulante, pero mi disco favorito, “Las consecuencias”, lo grabó con Los Santos Inocentes. Sus últimos trabajos me han dejado frío (“Licenciado cantinas” y “Palosanto”), pero tengo muchas esperanzas en “Expectativas”, el disco que publicará en octubre.

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“Cajas de música difíciles de parar”, de Nacho Vegas. Descubrí a Nacho por casualidad. Sabía que había estado en Manta Ray, pero no me gustaba ese grupo. Un día, en una tienda, no sabía qué disco comprar y me hice con “Actos inexplicables”, su primer trabajo en solitario, sin haber oído nada previamente. Recuerdo el escalofrío que sentí cuando escuché por primera vez ‘El ángel Simón’. Fue un auténtico shock para mí, estuve meses viviendo en ese disco. Aunque mi favorito es el segundo, “Cajas de música difíciles de parar”: el ambiente tan narcótico que tiene, esos textos tan dolorosos… A día de hoy lo escucho solo en ciertos momentos, porque ese disco sigue siendo capaz de cambiar mi estado de ánimo. Es muy potente. La última etapa de Nacho, más de crítica social, me llega menos, pero sigue siendo uno de mis artistas de referencia.

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“Honestidad brutal”, de Calamaro. Yo era muy fan de Los Rodríguez. Tenían, como le leí una vez a Sergio Algora (de El Niño Gusano), muchas “canciones gol”. Nos dejaron tantos hits… Cuando salió, me costó mucho entrar en “Honestidad brutal”, porque además de los himnos irresistibles (que tiene muchísimos, ‘Te quiero igual’, ‘Cuando te conocí’, ‘Paloma’, ‘No son horas’, ‘Con abuelo’…), había otras canciones más oscuras que me echaban para atrás. Con el tiempo descubrí que eran precisamente esas las que hacían de “Honestidad brutal” un disco especial. Era, como su propio nombre indica, un disco brutalmente sincero. Era la fiesta, pero también la resaca. La subida y el bajón. El esplendor y la decadencia. La inspiración y la locura. Dos horas y medio dentro de la turbulenta cabeza de un genio llamado Andrés Calamaro. Curiosamente, años más tarde leí que Nacho Vegas citaba “Honestidad brutal” entre las influencias que tuvo para grabar “Cajas de músicas difíciles de parar”. Y tiempo más tarde, Bunbury hablaba de “Cajas de música difíciles de parar” como una inspiración para “El viaje a ninguna parte”, del que tomó la idea de que fuese doble, el número de canciones (diez en cada disco), y la gran importancia de los textos. Me gusta ver que existen conexiones entre mis gustos musicales, aunque aparentemente sean cosas tan distintas y, en ocasiones, contradictorias.

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“La tierra está sorda”, de Barricada. Pamplona siempre ha sido una ciudad muy musical. Lo que más ha trascendido ha sido el rock de grupos como Marea, Tahures Zurdos o Koma, pero aquí se practican todos los estilos, muchos de los cuales, por cierto, quedaron muy bien reflejados en tu documental ‘Sonido Pamplona’. Pocas ciudades pueden presumir de artistas como Monte del Oso, Gussy, Jabi Izurieta, Reina Republicana, Escarabajos, La Rana Toro, Kokoshca, Belcos, Los Bichos, Roberto C. Meyer, El Desván, Souvenir, Cero a la Izquierda, Germán Carrascosa, El Columpio Asesino, Ciclonautas, Swingaraia, The Disappointments, La Tribu Obembe, Ex Novios, Las Kasettes o Tracción, entre muchos otros. Pero si ha habido un grupo en Navarra que haya pulverizado estilos y fronteras, ese ha sido Barricada. Este es el último disco que grabó el trío clásico (El Drogas, Boni y Alfredo), aunque ya habían cambiado al batería. Me sigue pareciendo mentira que un grupo tan grande haya salido de una ciudad tan pequeña. Me dio mucha pena que se separaran, pero ahora disfruto por partida triple de sus nuevos proyectos: El Drogas, Boni y Miss Octubre.

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“Desde que no nos vemos”, de Enrique Urquijo & Los Problemas. Curiosamente, nunca he sido muy fan de Los Secretos, más allá de las canciones míticas. Sin embargo, los dos discos de Enrique Urquijo con Los Problemas me parecen extraordinarios, especialmente el segundo. Este disco fue muy importante para mí por dos motivos: el primero, que incluía la canción ‘Aunque tú no lo sepas’, gracias a la que descubrí a Quique González, y el segundo, que fue el disco que me llevó a escuchar otras músicas “no anglosajonas” como el tango, la ranchera, el fado, la bossa nova… Por esa época salieron varios discos de artistas nacionales a los que yo seguía que empezaban a apuntar en esas direcciones: este de Enrique Urquijo, “Canciones de amor desafinado” de Diego Vasallo, los discos de poetas de Loquillo, “Pequeño” de Bunbury…

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“Me mata si me necesitas”, de Quique González. Como he dicho, descubrí a Quique porque me encantaba ‘Aunque tú no lo sepas’, la canción que escribió para Enrique Urquijo. A partir de ahí me hice super fan y he tenido la suerte de seguir toda su carrera, desde su debut. Me cuesta mucho elegir entre sus discos, todos me gustan y me encanta que cambie tanto de estilo de unos a otros, pero me quedo con el último, quizás porque es el que incluye la que creo que es su mejor canción hasta la fecha: ‘La casa de mis padres’.

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“Álbum”, de La Buena Vida. Al margen de Mikel y Diego, soy muy fan de la música que se hace en San Sebastián: Rafa Berrio, La Buena Vida, Le Mans, Single, Family, Aventuras de Kirlian, La Dama Se Esconde, Ama, Bassmatti… Algo tiene esa ciudad para que salgan tantos grupos buenos; además, todos tienen en común una cierta manera de plasmar la melancolía. De todos los que he citado, mi favorito era La Buena Vida. Creo que su mejor disco fue “Hallelujah”, pero por motivos personales, me quedo con “Álbum”. De este grupo me gustaba todo: las portadas tan chulas que les hacía Aramburu, las canciones, las voces, la instrumentación, elegantísima con esas cuerdas… Ahora estoy escuchando mucho “Debut”, el disco de Amateur, el nuevo grupo de Mikel Aguirre (uno de los dos cantantes) junto a Cheli Lanzagorta e Iñaki de Lucas, excomponentes de La Buena Vida.

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“Mi pequeño animal”, de Christina Rosenvinge. Soy muy fan de todas las etapas de Christina. Incluso los discos de Álex y Christina, que por su producción no han resistido tan bien al paso del tiempo, tenían canciones enormes. Ahora parece que muchos que antes la despreciaban la han descubierto (por fin) a partir de “Tu labio superior”, pero toda su trayectoria en solitario es intachable. Es una gran artista, ha llevado su carrera sin hacer concesiones, me gusta mucho su voz y creo que escribe unas letras buenísimas. Elijo este disco porque pertenece a una etapa que creo que merece más reconocimiento. Y porque contiene una de mis canciones favoritas de Christina: ‘Días de tormenta’.

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• ¿Tienes algún ritual y/o momento perfecto a la hora de escuchar tus discos?

Escucho música a todas horas. En la calle, con auriculares. En el coche, CD. En casa, generalmente desde el ordenador, siempre discos ripeados, nunca desde Youtube o Spotify. Lo tengo conectado a unos buenos altavoces y además tengo otro con bluetooth que voy llevando por otras habitaciones. Tengo una manía, y es que siempre escucho discos completos, nunca canciones sueltas. Cuando me tengo que ir y no me da tiempo a terminarlo, al volver sigo en donde lo he dejado. Y el momento perfecto para escuchar un disco es por la noche, cuando hemos acostado a los niños y terminado de recoger, que me siento tranquilamente y pongo un vinilo. Realmente no noto ninguna diferencia entre el sonido del vinilo y los del CD o el mp3 (si está bien comprimido), pero me gusta el ritual de sacar el disco de la carpeta, limpiarlo, ponerlo sobre el plato…

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 • Para terminar resulta imprescindible  hablar de tu libro ‘Hoy  el  viento sopla más de lo normal’ la historia musical de Duncan Dhu. ¿En qué momento empieza tu interés por el grupo? ¿Cómo se gestó el libro?

Ya te he contado como empezó mi interés por el grupo, que también fue mi interés por la música, en general. He crecido con ellos y he seguido muy de cerca todas las etapas de su carrera. Sabía que tenían una historia digna de ser contada, llena de decisiones difíciles y de logros enormes que no eran muy conocidos por el seguidor de a pie, así que me puse manos a la obra. Tenía cierta relación con ellos, sobre todo por haber ido a muchos conciertos y también por haberles entrevistado en alguna ocasión, también les había hecho fotos… Les propuse el proyecto y les pareció bien. Quería que no fuese un libro de fan, tenía mucho interés en mantener una posición objetiva, y para ello quería que la historia la contasen los protagonistas: Mikel y Diego especialmente, pero también Juanra (antiguo batería y miembro fundador), Jesús Mari Cormán (poeta donostiarra autor de muchas letras de Mikel en solitario), su manager, Iñigo Argomániz, gente de su discográfica, músicos de sus bandas y muchísimos compañeros de profesión (Bunbury, Quique González, Santi Balmes, Alaska, Nacho Canut, Eva Amaral, Julián de Siniestro Total, Álvaro Urquijo de Los Secretos, Shuarma de Elefantes…). Como colofón, tuve la suerte de que el gran Iván Ferreiro (otro de mis artistas de cabecera) me escribiese el prólogo, y Luis Eduardo Aute tuvo la generosidad de regalarme un dibujo exclusivo que utilizamos en la contraportada. Fue una gran experiencia, la verdad es que estoy muy satisfecho. Se ha vendido bien, la editorial está muy contenta, las críticas han sido positivas y a la gente le está gustando, así que no puedo pedir más.

 

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